sábado, 2 de junio de 2012

Historias de combi



A diario viajo una hora y media en combi, media hora para llegar a mi trabajo en la avenida Arequipa y una hora para regresar a casa por la ruta de la avenida La Marina. En el trayecto aprovecho para leer, meditar un poco e imaginar que hay detrás de los rostros de las personas que suben a diario. Algunas veces, imagino que por sus expresiones faciales no la están pasando nada bien, muy pocas veces veo gente sonriendo, por eso cuando sube alguien y dice: ¡Buenos días! Hace que deje de leer y captura mi atención, pienso: Esta persona debe ser muy entusiasta.

También están las señoras con sus hijos, que apenas pueden con tanto bulto: mochila del niño, cartera y bolsa del mercado, encima los niños lloran porque no quieren ir al colegio. Gracias a Dios que existe los asientos reservados para estas pobres mamás que seguro no tienen ayuda. También están las chicas oficinista, bien arregladas con tacones altos, carteras grandes y cabello recogido. No faltan las que se maquillan en la combi, hasta ahora no logro entender como hacen para usar el delineador líquido sin pintarse más allá de los ojos. Yo no logro ni siquiera hacerlo en tierra firme frente a mi espejo ¡Las admiro!. También están las chicas que como yo van leyendo: algunos cuadernos que se notan de academia, están subrayados y veo en sus rostros el apuro de aprenderse todas las fórmulas antes de llegar a su destino. Yo sólo tengo que memorizar los decretos y afirmaciones que hacen que mi llegada a la oficina no sea tan traumática.

Ah, me olvidaba de los cobradores, la mayoría de ellos son maleducados, claro dependiendo de qué entendamos por educación. Quizás para ellos, sea educado decir: Señorita, ya pues avance al fondo, mientras sientes su voz chillona en tu oído. Pero también existe una clase de cobradores, que te saludan al subir, te agradecen cuando le pagas el pasaje, te sonríen y hasta te dicen hasta luego señorita. Yo quiero encontrarme con ellos más seguido, premiarlos por su buen servicio. Una vez, me toco un cobrador que me ayudo a bajar mi maletín de Herbalife en un micro abarrotado, con educación bajo a todos los pasajeros que estaban cerca a la puerta para que yo y mi maleta bajemos. Dios siempre me sorprende, ese día no fue el mejor en la oficina y aquel gesto de amabilidad,  me devolvió la sonrisa. Fue una caricia de Dios.

Son las historias de las personas que suben a vender cosas o a compartir su desgracia las que captan mi atención. Siento que soy la única que los mira, a la única que le importa lo que dicen, así haya escuchado la historia más de una vez. Para mí, es como darle una palmada en la espalda diciéndole: No te preocupes, yo te escucho. Me interesa lo que me dices. Sé que ya para ti es complicado y hasta vergonzoso subir y desnudar tu alma en público. A veces me dan miedo las historias de ex presidarios, sus caras muchas veces no son las más bellas, pero he aprendido a reconocer quiénes mienten y quienes dicen la verdad. Gracias a Dios cuando he sido generosa, no los he vuelto a ver subir. Eso me tranquiliza, me da ánimos y siento que no todos son malos.

La historia que escuche esta semana, de un ex presidario me conmovió. Yo venía pensando en que ya no me apasiona ir a la oficina, estaba renegando para ser sincera: Recién había cobrado y todo se había ido en pagar cuentas, solo me quedan 110 soles para pagar mi almuerzo y como 500 soles que me faltaban pagar. Como de costumbre iba leyendo las últimas páginas de Raro de Renato Cisneros. No lo vi subir, escuché su voz cansada que decía: Disculpen que suba así al carro, seguramente se han enterado que ayer liberaron a un grupo de reos de… No recuerdo el penal que mencionó, me asuste un poquito porque pensé que era un prófugo, un leve escalofrío me recorrió desde la cabeza hasta el corazón. Levanté mi vista y me encontré con un rostro luminoso, cansado pero que decía la verdad. Él explicaba que en la cárcel, él se dedicaba a hacer canastas, porque él es artesano. Envía cada tres meses dinero a su esposa y padres, pero anoche que los guardias supieron que lo liberarían, le quitaron su dinero y su ropa, y que lo habían soltado solo con lo que veíamos: Un polo, jean y sandalias. Esa mañana fue la más fría de Lima. Él continuo con su oratoria: Fácil sería para mí hacerle daño a una señorita y quitarle la cartera, pero yo no quiero volver a delinquir. Por eso, he venido caminando desde la avenida México, nadie me quiere llevar al norte, soy de Chiclayo. No tengo dinero para comprarme un pasaje, por eso subo para pedir una limosna para comprar una bolsa de galletas o caramelos, para vender y sacar para mi pasaje. Si tienen un pan o una fruta y me la quieren dar, se los agradeceré porque ni para un pan tengo. Yo que estaba por bajar, sentí que su voz adolorida decía la verdad. Oré por él, le pedí a Dios que lo que yo le iba a dar, le devolviera la fe en las personas, que hay personas que creemos que pueden regenerarse, que no porque la justicia no funcioné, se debe desanimar. Vi con alegría como las manos se extendían para darles unas monedas, yo saque el billete de 10 soles, lo doble en cuatro y me preparé para dárselo. Cuando llego a mi sitio, se lo entregue en las manos, creo que él apenas y vi el billete, me miro y me dijo: Que Dios la bendiga, le respondí: A usted más y sonreí… Ore con mucha fuerza para que ese dinero que le di, lo ayude a tener fe en Dios y que consiguiera su meta de volver a su casa, con su familia. Confió en que así ha sido.

Él bajo antes de yo, me hubiera gustado bajarme con él para decirle que no pierda la fe en Dios, que no cambie de idea de regenerarse y que ame a su familia mucho más. Pero, no fue así. Solo oré y sé que Dios escucho. Me lo imagino en Chiclayo, armando canastas y vendiéndolas, riéndose con su esposa e hijos. Ese encuentro me llevo a una reflexión: ¿Qué esta haciendo la justicia con esos seres humanos, que cometieron un error y que desean reinsertarse a la sociedad? ¿qué clase de autoridades tienen en las cárceles? Qué indignación escuchar su historia, él decía se deben haber enterado por las noticias que un grupo de reos ha salido. Yo busque la información en google: Nada. Llegue a casa en la noche y le pregunté a mi tía Olga porque ella siempre después de su novela ve ATV Noticias, y me dijo que no había salido nada, exclamo: Cuantos saldrán y no le dan importancia, no es noticia. Y tiene razón, no es noticia quitarle a un reo el dinero y sus pertenencias, no es noticia quitarle la fe a un ser humano que pago su pena, no es noticia que un ser humano tenga que subir a mendigar a una combi para volver a ver a su familia, no es noticia sentir dolor por un ser humano que como yo merece una segunda oportunidad.

Confío en que alguna vez sea noticia: “Ex reos sacan adelante hogar que acoge a ex reclusas mientras logran contactar a sus familiares. Hogar se mantiene vendiendo los productos que elaboran los reos de las diversas cárceles del Perú”.




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